El pene de madera

  1. Trabajo en un Colegio donde laburan algunxs docentes impresionantes, muy comprometidxs con la Educación Sexual Integral. Es por esto que hay materiales, muy a mano, como para armar un taller, una charla, una unidad. Tenemos un buen stock de preservativos, folletos, folletitos y folletotes, láminas… y penes de madera.
  2. En la escuela secundaria se impone trabajar sobre temáticas que en primaria recién comienzan a abordarse en sexto o séptimo grado, como las relaciones sexuales consentidas.
  3. En el Colegio al que hago referencia –que recibe a una población compuesta, en más del 50%, por chicas y chicos de la Villa 31– los problemas vinculados con la Educación Sexual Integral podrían nuclearse alrededor de tres grandes ejes: 1) la violencia sexual verbal, derivada muchísimas veces en violencia de género física, que utilizan no sólo los chicos hacia las chicas, sino las chicas entre sí; 2) vinculado con lo anterior, las situaciones de abuso por parte de familiares y conocidos; 3) el embarazo adolescente. Sí, tal vez esos sean los grandes temas que observamos en el Colegio, que afectan a chicas y a chicos.
  4. La necesidad de armar actividades que queden en la memoria de lxs chicxs, nos ha llevado a una buena cantidad de intentos, algunos más exitosos que otros, algunos –que serán compartidos en este blog más adelante por Verónica Fulco– de una intensidad y sensibilidad revolucionaria. A mí, que no soy un especialista en diseñar propuestas lúdicas que enganchen, se me ocurrió en un momento que apelar al factor sorpresa, por ejemplo, puede ser una buena manera de lograr conmover a lxs alumnxs. Lo que conmueve, queda registrado. Ése es el espíritu de esta actividad.
  5. Sin previo aviso, en medio de una secuencia sobre Modelo Agroexportador, rosismo, la Constitución Nacional o los pooles de siembra, he llegado al aula con mis petates de costumbre, pero munido de una caja blanca.
  6. Una vez firmado el libro de temas, donde se explicitan los temas y las actividades a desarrollar tal como se intenta que sucedan, y cuando ya existe un clima propicio para empezar a trabajar, abrí la caja, y empecé a repartir dos preservativos, con sus correspondientes sobrecitos lubricantes, a cada alumnx. Eso ya genera una incertidumbre, empiezan las risitas nerviosas por algunos lados, la seriedad por el otro, el pánico total más allá, la disposición a charlar un tema importante, otras veces.
  7. Una vez repartidos, volví a abrir la caja, y saqué un pene de madera, que dejé parado en el escritorio a la vista de todo el mundo. Debo decir que pocas cosas son tan gratificantes para un docente como ver los ojos de lxs alumnxs abiertos como platos, delante de una propuesta de construcción de conocimiento. Que, por cierto, tiene que ver con la más íntima de sus realidades.
  8. Los pasos siguientes son mostrar cómo se coloca un preservativo: el pene debe estar erecto, el envoltorio no debe ser roto con los dientes porque puede dañar el preservativo, vigilar celosamente la fecha de vencimiento y descartar si se ha pasado, abrirlo por los bordes dentados –de paso, aprenden a abrir mayonesas en McDonald’s–, estar atentxs a no dejar aire suelto en la punta, desenrollar hasta la base del pene. Se aclara, desde ya, que el preservativo no es un juguete, y si aún no han decidido tener relaciones sexuales pueden guardarlo, o regalarlo.
  9. Todo el ritual suele suceder en un clima de estupefacción total de parte de lxs alumnxs. Sin embargo, es sólo el disparador. El objetivo es que lxs chicxs se larguen a hacer preguntas, y como docente se trata de abordar las respuestas desde un punto de vista rigurosamente científico, evitando por todos los medios la personalización de la respuesta –nadie debe sentir que sus prácticas sexuales están siendo expuestas delante de todo el mundo–, reconociendo lo que no se conoce con exactitud y derivar a los servicios de adolescencia de los hospitales públicos, sugerir páginas web dedicadas al tema.
  10. En mi experiencia, es central que se aborde con seriedad y aparente “asepsia”: el lenguaje científico, o la mención aparentemente “neutral” y desprovista de prejuicios y sobre entendidos de formas vulgares de referirse a la sexualidad y a la genitalidad, habilitan que la charla sea desprejuiciada y –espero– da la sensación de que promueve la apertura a hablar temas que son tabúes por las implicancias íntimas que tienen.
  11. A partir de allí la actividad puede derivar en otras formas de anticoncepción, en las cuestiones afectivas y vinculares relacionadas al sexo, en la desmitificación de leyendas que –esto sucede– las familias tejen sobre la sexualidad para alejar a sus hijxs de ella, en las implicancias científicas, religiosas y culturales del aborto. Las posibilidades son múltiples. Pero hay algo central: no responder sobre algo que no se conoce con certeza, y derivar a especialistas. Una mala respuesta puede tener un resultado catastrófico.
  12. La Ley de Educación Sexual integral ampara a lxs docentes a realizar este tipo de actividades: es una ley nacional y que cada jurisdicción debe implementar. La educación sexual integral no es potestad exclusiva de las familias, que obviamente ostentan el derecho de orientar a sus miembros de acuerdo a sus convicciones, siempre respetando la individualidad y los deseos de cadx unx. Sin embargo, y dadas las implicancias para la salud pública de las problemáticas afectivas y sexuales, el Estado garantiza el derecho de lxs alumnxs de recibir Educación Sexual Integral en todas las escuelas: esto significa de gestión estatal y de gestión privada. Esto significa, también, laicas y confesionales. Sería interesante investigar qué nivel de cumplimiento tiene la ley en estos últimos establecimientos, o en lugares donde la enseñanza religiosa es oficial, como Catamarca, Tucumán o Salta.
  13. La Ley de Educación Sexual Integral presenta al Programa Nacional de Educación Sexual Integral, donde puede obtenerse material con los lineamientos generales del programa. Igualmente, con sólo googlear “Educación Sexual Integral” se pueden encontrar una buena cantidad de materiales.
  14. Hablar de la sexualidad no es invitar a o imponer un modelo de sexualidad. Es habilitar un espacio sobre temas que, en la vida de lxs chicxs, muy pocas veces son abordados desde lo científico y respetuosamente: para muchxs de ellxs, es probable que la escuela sea el único lugar adonde pueden evacuar sus dudas. Tienen su derecho, y es nuestra obligación garantizarlo.
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