La educación laica es la moneda de cambio en la interna entre el Papa y el PRO

Gestos y millones para construir los puentes de plata entre la Casa Rosada y el Vaticano

Génesis

El conflicto entre el papa Bergoglio y el PRO se remonta a la explicitación del proyecto político macrista, especialmente una vez que llegó al poder de la triple corona (Nación/Ciudad de Buenos Aires/Provincia de Buenos Aires). El carisma de Francisco, y su innegable vocación política –no se llega a ser jefe de Estado del Vaticano y jerarca máximo de la Iglesia Católica entera si no es en base a fuertes negociaciones y cintura– han sido desde su designación como sumo pontífice un imán de atracción para prácticamente todo el arco político, desde el kirchnerismo –que viró 180º su postura de denuncia y sospecha por su rol durante la dictadura– hasta la derecha variopinta, pasando incluso por la seducción de ciertos sectores que se podrían incluir dentro del progresismo. Por no mencionar, claro, la farandulización de su figura como inspiración de los más estrambóticos personajes del jet set local. Sólo algunos referentes de la centroizquierda y las expresiones de la izquierda trotskista mantuvieron una distancia coherente con sus posturas.

Francisco se transformó así en una suerte de faro de las personas públicas en Argentina, y el PRO –de fuerte arraigo católico, especialmente en su Sierra Maestra: la ciudad de Buenos Aires– no fue la excepción. Mientras Bergoglio mantenía una solapada disputa con el kirchnerismo, fue un canal de lobby político; una vez instalado en la Basílica de San Pedro generó incertidumbres que eclosionaron a partir del 10 de diciembre de 2015. Desde ese momento, los operadores más insospechados de la Alianza Cambiemos  tuvieron epifanías laicistas y reclamaron por la no intromisión del papa en la política interna –cosa que incentivaron incesantemente cuando les resultaba funcional a su estrategia contra el kirchnerismo. El momento más tenso del desencuentro entre Francisco y el PRO fue la foto en la que Bergoglio hace uso de su gestualidad para mostrar su disconformidad con las políticas de Macri. Se profundizó con la no recepción de Margarita Barrientos, a quien el macrismo presenta como la única cucarda con raigambre en los sectores excluidos. Y llegó, para las primeras líneas del partido gobernante, al colmo cuando trascendieron las fotos del papa con Hebe de Bonafini entre sonrisas y moralejas sobre el perdón.

Presentación1

Hechos

Como publicamos hace algunos días en La Izquierda Diario y también en este blog, la fundación Scholas Ocurrentes, buque insignia de Bergoglio para recuperar terreno en la juventud del tercer mundo, ha iniciado una avanzada sobre las escuelas públicas porteñas a través del Ministerio de Educación de la ciudad. A simple vista, presentan una propuesta despojada de todo contenido religioso, con pretensiones multiculturalistas y solidarias. Sin embargo, su evidente enmarcamiento en la política pública pontificia lleva a esta iniciativa a violar frontalmente el artículo 24 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que garantiza de forma explícita la laicidad de la educación pública de gestión estatal. Sintéticamente: los más altos funcionarios educativos del gobierno porteño están impulsando que las escuelas violen la constitución local.

Días atrás, se produjo la visita de algunos cuadros del PRO al Vaticano, portando olivos para el papa –lo que en la liturgia católica se traduce en las banderas blancas de una tregua. Federico Salvai, mano derecha de María Eugenia Vidal, fue enviado a la presentación de un partido de fútbol “por la paz” que Bergoglio promueve justamente en la ciudad de La Plata. En el mismo tren, Marcos Peña saludó la iniciativa, y envió al juvenil Pedro Robledo –quien accedió a un cargo en el Gobierno de la Ciudad quince días después de servirle vino a Macri en un evento, según él mismo relató, y hoy cobra un salario de Subsecretario Nacional– a fotografiarse con el papa y desmentirlo, en una muy original pirueta retórica.

Para cerrar este cuadro, hoy lunes 30 de mayo salió publicado en decreto 711/2016, que le otorga a la Fundación Pía Autónoma de Derecho Pontificio Scholas Ocurrentes nada más ni nada menos que 16.666.000 pesos para sostener su funcionamiento en nuestro país durante este año. Perfectamente de acuerdo con su mercantil filosofía de gerentes, la Alianza Cambiemos interpreta que a los líderes políticos díscolos se los seduce con dinero público. La relación entre Macri en el gobierno y el Papa en el poder vaticano tranquilamente puede leerse en esos términos.

Revelaciones

La laicidad educativa fue uno de los principios que formatearon el sistema educativo en nuestro país. Domingo Faustino Sarmiento fue uno de sus más férreos defensores, junto con otros intelectuales de la Generación del 80 como Onésimo Leguizamón. Durante mucho tiempo –con la excepción del peronismo– la Iglesia Católica debió conformarse con permanecer a un costado de las escuelas, hasta que la pulseada política le permitió –tras el debate laica/libre a fines de la década del 50– ingresar por la ventana al sistema como un empresario privilegiado receptor de subsidios estatales. Actor que acumuló especial poder durante la última dictadura, tras el malogrado Congreso Pedagógico alfonsinista, y gracias a las políticas de descentralización y precarización de la escuela pública fundadas en la mano invisible del mercado, la Iglesia se fue transformando en un actor central del sistema educativo.

Hoy la laicidad educativa se ha transformado en los 30 denarios que el Estado quiere pagarle al sucesor de Pedro por morigerar sus críticas a su modelo de precarización laboral, exclusión social y especulación financiera. Hoy, algunos Ministerios de Educación jurisdiccionales proponen violar este principio –en algunos casos, incluso la ley– para situar a la escuela pública como la moneda de cambio de las rencillas que deberían resolverse sin afectar las libertades individuales y las mejores tradiciones de nuestro sistema educativo. Se nos pide a los docentes que nos involucremos en estas escenitas de celos palaciegos, como si en vez de ser los agentes que el Estado dispone para garantizar el derecho a la educación de las chicas y los chicos, fuéramos la utilería de una muy berreta dramaturgia medieval.

 

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