Religión en la escuela pública, ¿por qué no?

Crónica

Hoy, miércoles 11 de noviembre, se llevó a cabo en el Colegio 2 DE 1° “Domingo F. Sarmiento”, de la ciudad de Buenos Aires, una obra de teatro llamada “Secreto de Navidad”, organizada por el grupo Generarte. En su página en internet, el grupo detalla la temática de la obra: “Familia y Solidaridad”. Se indica para los niveles inicial y primario. Es un musical, que rescata una serie de valores relacionados con la dimensión espiritual del ser humano y los relaciona con los festejos navideños.

El grupo Generarte, según su página, cuenta con el auspicio de Scholas Ocurrentes, organización fuertemente promocionada por el papa Francisco, el Consejo Superior de Educación Católica, la Facultad de Psicología y Pedagogía de la UCA, la AMIA, la DAIA, y otras asociaciones. Está declarado de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sus responsables son Domingo Romano, Claudio García Pintos y Chacho Garabal, los tres de fuerte formación católica, apostólica y romana. De hecho, quienes conocen el ambiente de la comunidad católica de Buenos Aires, seguramente conocen el apellido Garabal. Esto está a un click de distancia en internet.

Al terminar la obra, con otro profesor intentamos transmitir a los alumnos que los valores representados no están adscriptos a ninguna religión en particular y, de hecho, nosotros individualmente rescatamos muchos de ellos como valores positivos, sin la necesidad de profesar una religión. Hecho esto, dialogamos con Chacho Garabal, a quien le manifestamos que, lisa y llanamente, el contenido de la obra (vincular valores humanos con una festividad de origen cristiano) y el contexto de su interpretación (una escuela pública de gestión estatal, sin una preparación ni debate previo con los alumnos, quienes fueron llevados al salón de actos sin tener idea de a qué evento asistirían), como mínimo, riñen con la Constitución de CABA, que establece explícitamente la laicidad de la educación pública de gestión estatal en su artículo 24°. A su vez, el Reglamento Escolar establece, en su artículo 18°, la prohibición del uso del edificio escolar para “asuntos de carácter religioso” incluso fuera del horario escolar. Por no mencionar la libertad de cultos establecida en la Constitución Nacional y normas supranacionales a las que Argentina adhiere y que, en combinación con las otras normas implicarían que este tipo de contenidos transgreden la laicidad mencionada. O al menos, riñen con ella.

Garabal nos manifestó, centralmente, tres objeciones a nuestro planteo:

  • Fue autorizado por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, e incluso por la conducción del Colegio.
  • Como grupo de teatro, tienen obras que trabajan otros contenidos, alejados completamente de la temática religiosa.
  • “Está bueno transgredir la norma a veces”.

Con respecto a la primera, contestamos lo siguiente: la autorización del Ministerio de Educación y de la conducción del colegio es legal y legítima, lo que no invalida que la norma está siendo transgredida de todos modos. Aún con esa autorización, el grupo Generarte debería conocer la normativa que regula los espacios donde desarrolla sus propuestas culturales y, llegado el caso, abstenerse de ciertas propuestas que, sin un marco de discusión, debate y crítica (como el de hoy), violan la ley. Si no, caemos en una obediencia debida frívola y superficial, o malintencionada.

Con respecto a la segunda, nadie objetó su accionar como grupo de teatro ni como grupo de interés, ni como actor social. En el marco de la ley, no hay ningún problema con que traigan otras propuestas para reflexión y entretenimiento de los chicos. Su formación, y sus estrechas relaciones con la comunidad católica no les impiden en lo más mínimo participar de actividades en la escuela pública –todo lo contrario–. El problema es que la obra que trajeron hoy sí transgrede la ley.

Con respecto a la tercera, parece estar enmarcada en el “Hagan lío” que Bergoglio lanzó en la Jornada Mundial de la Juventud en 2013 en Río de Janeiro. Claro que está bueno cuestionar la norma, pues si no las sociedades no avanzarían hacia ampliaciones de accesos y derechos, pero en el marco del debate crítico. ¿Se puede poner en debate la propia laicidad educativa, tradición fuertemente arraigada –al menos en el discurso– en la Argentina? Claro que sí. Pero en el marco de un debate profundo, no en un musical para chicos que ni sabían adónde estaban yendo. Como ejemplo, puedo decir que en mis clases planteo cuestionamientos a la norma de la propiedad privada, o a varios artículos del reglamento escolar y los códigos de convivencia –por ejemplo, la prohibición de usar celulares o llevar una remera de fútbol–. Pero estamos meses discutiendo, sin imposiciones ni engaños, problematizando el rol de las leyes en la sociedad, a quiénes beneficia y a quiénes perjudica, y su eventual obsolescencia. Y, desde ya, al terminar el año no llegamos a conclusiones definitivas. La escuela no está para imponer dogmas absolutos, sino para plantar preguntas. Por otro lado, una cosa es enseñar a los chicos a cuestionar -no transgredir- las normas, y otra bien distinta es un grupo de adultos que transgrede las normas para abusar de la confianza de los chicos.

Por qué no

La religión es un tema que se debate todos los días en las escuelas: es una manifestación ineludible de la cultura humana, y fue determinante en muchos momentos de la Historia. Podemos mencionar los estados teocráticos, la cultura grecorromana, la sociedad medieval, la hoguera de Galileo, la reforma protestante y el espíritu del capitalismo, la Conquista de América, la música del romanticismo. Las arquitecturas maravillosas de tantas catedrales, momentos épicos de la creación humana. No podemos obviarla. Pero la trabajamos desde la crítica, desde su rol social, desde su esquema de pensamiento. Trabajarla como una bajada moral es una imposición, por parte de una institución estatal –que tiene como fin, justamente, estructurar el pensamiento y los hábitos dentro de determinados esquemas– que, según su Constitución, respeta la libertad de cultos.

El culto religioso, como el amor a un club de fútbol o el objeto de nuestros deseos sexuales, o seguir a una banda de cumbia villera a sus recitales, o practicar bungee jumping, son actividades privadas. Y están fuertemente resguardadas, también, por nuestra Constitución Nacional. Y está bien que así sea.

Pero la religión en la escuela pública –por fuera de su reflexión crítica, o sea en el marco de una bajada dogmática– es una imposición, que atenta contra la libertad individual. Tan simple como eso. Que funcionarios y directivos de Ministerios y escuelas públicas sean fervientes militantes de la comunidad católica, no los habilita en lo más mínimo a imponer sus creencias privadas personales a masas de pibes y pibas que buscan un futuro. La escuela no es tu casa. La discusión entre lo público y lo privado es otro de los grandes problemas que tenemos hoy en las escuelas, y en nuestro país.

Contexto

En varias notas en este blog advertimos acerca de la avanzada católica, que tiene a Bergoglio al frente de una moda arrolladora, ídolo de multitudes, activador de suspiros. Prácticamente todos los políticos locales lo citan como un referente moral, especialmente los dos candidatos a preIMG_20151111_142557sidente que el 22 de noviembre se enfrentan en ballotage. De hecho, en los últimos días Mauricio Macri anunció que el Dr. Abel Albino estará a cargo de un ente autárquico, con manejo de fondos propios, para la lucha contra la desnutrición. Abel Albino, el mismo que habla en contra del autoerotismo, la fornicación, plantea los deberes sexuales ineludibles de las mujeres respecto de sus esposos, incluso cuando no tienen ganas. Miembro del Opus Dei. Cualquier parecido con la Edad Media, no es coincidencia.

La laicidad educativa es una de las mejores tradiciones que nos legó el liberalismo que estructuró el Estado a fines de siglo XIX. Uno de sus abanderados más recalcitrantes fue Domingo Faustino Sarmiento, hombre polémico y por momentos racista. Domingo Faustino Sarmiento, patrono del Colegio. Padre del aula. Su voz enérgica también es discutida en las aulas de hoy, tan enormemente distantes de otros tiempos. Como corresponde, porque para eso educamos: para que los chicos aprendan a frenar los abusos de las verdades que quiere imponer el poder, a las evangelizaciones con disfraz simpático.

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