La Educación Sexual en tiempos de reacción de ultraderecha

“Backlash” es un término sociológico que podríamos traducir como “reacción” a un fenómeno cultural o político. Pero más rigurosamente se refiere a las olas de rechazo que puede generar un fenómeno que ha tomado popularidad masiva de forma rápida y exponencial. En tiempos en que las redes sociales se transformaron en un ágora descarnada, donde algo rápidamente se vuelve viral, eso puede generar –genera, de hecho– fuertes reacciones en contra.

Una hipótesis acerca del avance de las ultraderechas en el mundo, pero más específicamente en América Latina, podría ser la siguiente: una región con democracias de masas que llevan 30 años o más, pero que no han logrado resolver cuestiones cruciales como la seguridad pública, las crisis económicas recurrentes que ponen a millones de personas en situación de miseria, y la corrupción. Los gobiernos que podríamos llamar progresistas que surgieron con el cambio de siglo parecían estar grávidos de soluciones a estos males pero, aunque implicaron una mejora sustancial de las condiciones de vida de las mayorías, y avances en derechos, siguieron sin poder resolver el lento pero impetuoso avance de la violencia y el deterioro institucional. Tal vez, entonces –es sólo una hipótesis– la insistencia discursiva en los avances de derechos efectivamente logrados, descuidando preocupaciones en alza y nunca resueltas, abonaron el camino para salidas por derecha.

Estas derechas combinan un discurso aporofóbico y xenófobo con propuestas anarcocapitalistas que indudablemente llevarían a una guerra social final, y con una misoginia sólo transitada en los momentos más oscuros de la historia humana. Aquí, probablemente, el avance rápido y furioso de las reivindicaciones feministas en el último lustro, único movimiento de masas que reclama un avance en los derechos hoy por hoy, puede haber alimentado ese componente misógino y homolesbotransfóbico.

La Educación Sexual Integral, en Argentina, a pesar de contar con una ley vigente hace más de 12 años y con un respaldo relativamente unánime –al menos de palabra– por parte de los gobiernos nacional y provinciales, ha quedado últimamente ligada a los reclamos feministas: Educación Sexual para decidir, anticonceptivos para prevenir, aborto legal para no morir. La reacción feroz –el backlash– de sectores para nada minoritarios de la población a la legalización del aborto primero, y a la educación sexual después –con la consigna “Con mis hijos no te metas”–, implica la necesidad de repensar cómo abordar la Educación Sexual Integral, y algunos de sus contenidos más debatidos, en la escuela. Como he manifestado varias veces en este blog, son tiempos donde les docentes tenemos que ser muy cuidadoses de nuestro trabajo, pero también de las opiniones y sentires de nuestres alumnes.

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Tal vez podemos pensar cuatro criterios básicos para su abordaje.

A nadie le importa tu pañuelo verde: al contrario

Lo menos importante de un taller o clase sobre Educación Sexual Integral es cuál es el posicionamiento personal del o de la docente. Tenemos una ley que cumplir y contenidos que trabajar, que abarcan muy bien las temáticas que se necesita trabajar. La perspectiva científica y ética provista por los lineamientos curriculares de la ESI hace redundante tener que subrayar que está bien respetar las diversidades sexuales o debatir el tema del aborto. Está contemplado, y hay sugerencias acerca de cómo hacerlo. Lo central, y volveremos sobre este punto, es que sea un espacio donde la palabra circule libremente y ajena a violencias e imposiciones. ¿A quién le importa la posición personal de un docente sobre el aborto, si tenemos una gran cantidad de aristas desde las cuales abordar un debate genuino y respetuoso? Intentaré decirlo de otra manera: intentar bajar línea no sólo no tiene ningún efecto, sino que además, en este contexto, puede generar reacciones violentas de parte de algunas familias. Si nos ceñimos a los contenidos curriculares, tenemos un respaldo legal claro. Si empezamos a opinar sobre qué nos parece tal o cual cosa, hay margen para la malinterpretación.

Aborto: no intentar resolver lo irresoluble

Si la fecundación de un óvulo por un espermatozoide y la mitosis celular inmediatamente resultante es o no una vida humana no es algo que pueda establecerse en una clase de Educación Sexual Integral. En un debate bioético y filosófico, ni les docentes ni les alumnes tenemos herramientas para llegar a respuestas concluyentes al respecto. Sí sabemos qué dice la ley (artículos 19 y 21 del Código Civil y Comercial de la Nación; artículo 86 del Código Penal de la Nación, Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo derivado del fallo FAL), y cuáles son sus interpretaciones posibles (existencia no es lo mismo que vida: una piedra existe; si el concebido no nace con vida, se considera que la persona nunca existió; la salud entendida en sentido amplio). Allí sí podemos establecer un debate con el límite establecido por la propia ley. La respuesta está allí. Si está bien o mal es otro tema, tampoco pasible de ser resuelto en esa instancia: en todo caso puede dar pie a una explicación acerca de cómo se sancionan y modifican las leyes. Lo dable a debate en el aula, entonces, no es si se trata de una vida o no, sino a partir de cuándo y por qué la ley protege con derechos a un feto. ¿A partir de que hay actividad cerebral? ¿Sistema nervioso? ¿Corazón latiendo? ¿Es indistinto? Criterios eminentemente humanos y falibles, cuando se trata de una legislación decidida por les representantes del pueblo.

Un tema tan divisorio como éste debe ser abordado desde la perspectiva del derecho, ya que los debates morales y éticos –en este caso puntual– dejan la puerta abierta a igualar las posturas como válidas. A mi criterio, es preferible dejar abierta la pregunta a generar la posibilidad de tensiones y agresiones.

Protagonismo de les alumnes

La ESI está para generar preguntas donde había certezas míticas y difusas, y para permitir la circulación de información fehaciente y científica. Esto solo –que niñas, niños y adolescentes encuentren en la escuela un espacio donde se habla profesionalmente de la sexualidad en todas sus aristas– ya es un avance monumental. Eso solo ya marca una diferencia abismal con la cotidianeidad familiar de nuestres alumnes: en la mayoría de sus hogares estos temas son tabúes ya que sus propios padres y madres carecen de herramientas para su abordaje –de ahí, además, sus desconfianzas y resquemores–. La escuela es El Lugar donde nuestres alumnes deben poder hablar y preguntar con la más absoluta libertad, para tomar sus inquietudes y guiarles hacia los conocimientos validados, dejando abiertas las preguntas cuando se entra en un terreno opinable y muy atado a las morales subjetivas.

Es especialmente en esta coyuntura donde la escuela puede marcar una diferencia enorme en el tratamiento de estos temas: si se abordan las preguntas respetuosamente, si se desarman para volver a rearmarlas colectivamente, si se controla rigurosamente el tono del debate, si se permite que se manifiesten las opiniones en un ámbito de tolerancia pero privilegiando las argumentaciones fundadas, nuestres alumnes conocerán otra forma posible de debatir. Alejada de la violencia de las redes sociales y de los sectarismos con que muchas familias crían a sus hijes. Alejada de los gritos y de las grietas de los medios masivos, mostrando que se puede vivir en la diversidad con un eje central: permitir que lxs demás hagan con su cuerpo lo que les plazca mientras no perjudiquen a terceros y a su propia salud. La afirmación “Vos podés estar en contra del aborto, y elegir no abortar si se da la situación, y al mismo tiempo permitir que las mujeres que eligen hacerlo lo hagan” ya es toda una compleja novedad para nuestres alumnes. Uno puede oponerse a una práctica a título personal pero no impedir que las demás la ejerzan, en el marco de sus derechos individuales.

Pero para esto hay que crear un ambiente de escucha respetuosa. Si nuestres alumnes detectan –y lo hacen rápidamente– que su docente no va a compartir sus puntos de vista, lo más probable es que no participen activamente de los debates y se priven de preguntar lo que genuinamente desean preguntar. Es por eso que nosotres, como docentes, tenemos que estar especialmente atentos a las más mínimas actitudes que puedan limitar la expresión y las preguntas. Los protagonistas son ellxs, no nosotres. Estamos allí para guiar y contener sus dudas, para jerarquizar argumentos, no para mostrar nuestras posiciones.

Debatir demoradamente, saborear los argumentos fundados, desarmar los sentidos comunes, permitir la contraposición de ideas, limitar la agresión al mínimo, en fin, enmarcar responsablemente un debate, es muchísimo más educativo de lo que suponemos. Hoy en día el debate público es más una confrontación de posiciones más o menos monolíticas mediadas por misiles verbales y no tanto.

En la escuela estamos educando en democracia, en una época donde la democracia está devaluada. Estamos siendo contrahegemónicos.

Renunciar a la batalla del lenguaje inclusivo

Como afirmé antes, la Educación Sexual Integral tiene una gran cantidad de normativa y de lineamientos curriculares detrás. Y, aún así, se trata de una batalla dura y compleja por la coyuntura histórica que vivimos. Pero, de nuevo, es una batalla en la que tenemos a las leyes y al Estado de nuestro lado. Si trabajamos con un criterio rigurosamente profesional, dejamos pocos flancos por los cuales pongamos en riesgo nuestro trabajo.

El problema del lenguaje inclusivo es otra historia. Si ha leído hasta acá, lector, lectora, habrá visto que lo he utilizado. Y si siguió leyendo, eso significa que aceptó ese contrato redactor/a-lector/a. En la escuela, encarar esa batalla puede –o no– generar resistencias de parte de las familias. Salvo que, a diferencia de la ESI, no tenemos normativa ni lineamientos curriculares que nos avalen en nuestra práctica: es más una iniciativa individual a título personal de el o la docente, al menos por ahora. Como la docencia deja márgenes de acción, puede suceder que una maestra use lenguaje inclusivo y eso no traiga problemas. En ese caso, no hay problema en avanzar. Ahora bien: ante la menor objeción familiar, sabiendo que es una iniciativa individual que no está regulada en nuestro trabajo, es mejor declinar esas armas y continuar la batalla por la ESI donde, a pesar de las enormes dificultades, aún contamos con un viento legal a favor.

Ante todo, los derechos

Las nuevas derechas son furiosas y se meten en nuestras aulas, y pueden poner en riesgo nuestro trabajo. Atacan, asumiéndose liberales, los más básicos derechos individuales. Nuestra militancia como docentes, cuando trabajamos ESI, debe ceñirse a trabajarla con rigor y respeto por nuestres alumnes. La militancia individual a favor o en contra del aborto no debe tener nada que ver con cómo trabajamos la Educación Sexual. Lo que sí podemos hacer, dentro de los márgenes y los grises de libertad que nos deja nuestro trabajo, es dejar preguntas planteadas ante argumentos que percibimos débiles: si un óvulo fecundado es una vida, ¿por qué nadie se escandaliza por la fecundación in vitro, donde se descartan varios óvulos fecundados en cada procedimiento? Si la biología no determina el género, ¿por qué determinaría lo que es o no es vida? Estas preguntas dependen de nuestro público, recordando que siempre nuestro trabajo es mover el avispero de las convicciones de nuestres alumnes, en un ámbito de tolerancia y respeto. Habilitando espacios de intercambio genuino, muy escasos en estos tiempos.

Es fundamental encarar la pedagogía del tabú con una pedagogía de la pregunta y del derecho.

Anécdota final

A finales de 2018, cerrando el año y charlando con mis alumnes un balance de lo trabajado, charlaba con una alumna militante pro vida: “Pude discutir cosas acá que no discuto en mi casa”. A pocos pasos, un alumno en transición de género escuchaba música en su celular.

La escuela es el último refugio de la diversidad y la democracia. Que se lleven más preguntas a sus convicciones que respuestas, que se lleven indicios de cómo y por dónde empezar a buscar su destino.

Ahí nuestro trabajo. Ahí lo transformador, lo emancipador, lo liberador de la educación pública.

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