El despido no será tuiteado: crónica de una victoria contra el recorte

Nota escrita en colaboración con Verónica Fulco (@VeronicaFulco en Twitter) y Juan Goldín (@JuanGoldin).

Como publicamos en esta nota el día lunes, se nos había anunciado la no renovación de los contratos pertenecientes a los docentes del Equipo de Apoyo del Colegio 2 DE 1° “Domingo F. Sarmiento”, y el consecuente cierre del proyecto. En una reunión con la conducción del Colegio y la supervisión, se comunicó la decisión que había sido tomada en el ámbito ministerial. Al día siguiente, Horacio Rodríguez Larreta inauguraba las sesiones de la Legislatura porteña, anunciando las maravillas de la gestión PRO en CABA.

En el mundo real, sin embargo, se trataba de los primeros despidos confirmados en educación. El titular, el día martes, parecía inevitable: la recién estrenada gestión de Rodríguez Larreta y su Ministra de Educación arrancaría despidiendo a 15 docentes de una escuela pública que recibe a chicos de la Villa 31 con un proyecto inclusivo. Podía ser ignorado por el blindaje mediático que goza el PRO, pero indudablemente alguien iba a levantarlo.

El Equipo de Apoyo es un programa que sólo tiene el Colegio Sarmiento, fruto de iniciativas innovadoras de gestiones previas, para lograr la ansiada convergencia entre inclusión y calidad educativa. Busca apuntalar a chicas y chicos que tienen más comprometida su escolaridad. Chicas y chicos que pertenecen a sectores que no cuentan con un entorno familiar y social que les garantice profesores particulares, tíos y primos mayores con títulos universitarios, un sostén material que habilite tiempos para la reflexión y el ensayo de las instancias de acreditación. Opera, además, sobre las estructuras obsoletas de la escuela secundaria, que arrastra tradiciones incompatibles con las nuevas poblaciones que ingresan a ella. El formato tradicional de la escuela media no está pensado para incluir con calidad sino todo lo contrario: seleccionar por medio de mecanismos pedagógicamente obsoletos y contraproducentes. Los despidos, entonces, atacaban directamente el corazón del  proyecto inclusivo que fue registrado por el documentalista Francisco Márquez (aquí, el trailer de su película) y por el Canal Encuentro (aquí el video). Ha redundado en una reducción sensible de las cifras de repetición y abandono.

Sobre la tarde del martes, cuando en las redes sociales nuestros comunicados habían comenzado a circular, la Ministra de Educación desmintió por Twitter las acciones comunicadas el día anterior.

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Inmediatamente respondimos exigiendo ampliar la información, pero la Ministra se llamó a silencio virtual. El PRO, desde hace un tiempo, utiliza las redes. En general, se trata de frases rimbombantes completamente carentes de referencias específicas: en términos coloquiales, “humo”. Lo utilizan no para comunicarse con quienes lo siguen sino como forma de publicitar los actos de gobierno que creen convenientes, de forma que rara vez contestan a preguntas concretas sobre su accionar de gobierno. Tuvimos que soportar, incluso, que una periodista militante del PRO negara que se había bajado una información del cierre imputándonos de “desocupados K”, desconociendo escandalosamente que estos despidos no se hacían sobre una estructura diseñada por el kirchnerismo, y suponiendo que quienes escribían las denuncias no lo hacían con información de primera mano. Desde ya, la desmentida de la Ministra sobre el cierre fue pública, pero el despido no salió por los medios masivos, como indica toda receta de blindaje mediático. Pero tan rigurosa periodista sostenía que a ella le “habían enseñado a chequear fuentes”: probablemente para chequear la existencia de centros clandestinos de detención y tortura durante la dictadura habría recurrido a Massera. Al día siguiente, había borrado todos sus tweets. Tal vez chequeó las fuentes correctas y le dio vergüenza.

Mientras el PRO hablaba del paraíso en que han convertido a la Ciudad de Buenos Aires (cuyo presupuesto exorbitante no exige demasiada pericia para su gestión exitosa), 15 personas se quedaban sin laburo, a una escuela pública inclusiva le sacaban uno de sus proyectos más significativos, y pibes y pibas comenzaban a manifestarse en las redes, disconformes e indignados por la decisión tomada. Y en el mundo más real aún, chicas y chicos comenzaban a recorrer la villa 31 juntando firmas, charlando, movilizándose. En el Colegio, nos preguntaban preocupados acerca de la situación, poniéndose a disposición cuando y donde hiciera falta para acompañarnos. Los testimonios de los pibes nos desarmaron, porque como docente uno rara vez toma real conciencia del impacto que tienen nuestros gestos mínimos de compromiso, nuestros reflejos más inconscientes frente a una injusticia. Todo eso, volvió en forma de aguante, estos días.

Adicionalmente, comenzamos a recibir solidaridades de todo tipo: de Ademys y UTE (tanto desde el oficialismo como desde la oposición), de periodistas de medios absolutamente diversos y hasta insospechados, de universidades privadas que aportaban soluciones posibles ante el cierre, de intelectuales, de ex funcionarios. Hasta personas que, sin conocernos personalmente, nos hicieron llegar sus apoyos a través de las redes. Varios docentes de la POF firmarmos una carta de apoyo al Equipo para presentarle al rector. No todos, debe ser mencionado, en honor a aquellas personas que ni siquiera se solidarizaron con los despedidos con una mirada o un mínimo “che, qué garrón”, a pesar de trabajar a su lado hace años. Mentiríamos, también, si dijéramos que no había personas contentas con los despidos, adentro del Colegio. O compañeros que, en actos intimidatorios, sacaban fotos a los carteles que denunciaban la medida, como si estos no estuvieran circulando hacía dos días en las redes (lamentablemente, algunas personas desconocen la existencia de la libertad de expresión que es legal  en Argentina desde 1983, y de internet).

Sin novedades oficiales, pero con versiones que atribuían la decisión a un permiso de “reestructuración presupuestaria” a las áreas que deben liquidar el presupuesto del equipo, que le habrían comunicado a la Dirección de Media de la discontinuidad, la Ministra volvió a aparecer en Twitter para negar el cierre que había sido transmitido formalmente el día anterior.

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No debe sorprender esta combinación de ineptitud y desmanejo de la comunicación y las partidas presupuestarias, de parte de un partido que tiene como una de sus prácticas más identificables el abandono del Estado, y la descentralización y autonomización de las decisiones, sin diseñar una política estatal coherente de intervenciones y compensaciones: neoliberalismo puro y duro.

Finalmente, y gracias a la gestión de compañeros de los sindicatos, pudimos obtener la confirmación, en el mismo contexto que el día lunes –esto es, reunión con conducción y supervisor– de que el Equipo de Apoyo continuaría con su trabajo en el Colegio: el mensaje del Ministerio de Educación es, básicamente, “aquí no ha pasado nada”.

Pero sí pasó

Las solidaridades articuladas, el apoyo contundente de la comunidad educativa del Colegio y de vastos sectores del ámbito educativo, nos dan la pauta de que un funcionariado poco habituado a las complejidades de la política –tal vez se sienten más cómodos en una oficina haciendo circular videos de box en box– da marcha atrás cuando ve a la comunidad movilizada. Las partidas presupuestarias para ellos pueden ser sólo números, pero en la política los movimientos tienen consecuencia. La mano de obra desocupada de clubes de rugby y empresas multinacionales que ahora gestiona el Estado debería instalar la app de la política pública en sus IPhones, para entrenar un poquito habilidades de las que –evidentemente– carecen.

Estos tres días se enteraron de que una escuela que labura bien –a pesar de todas las contradicciones, de todas las limitaciones, de todos los errores– suma legitimidad y apoyos. Que a pesar de una coyuntura atravesada por la apelación a los egoísmos individualistas que han penetrado capilarmente en el sentido común de importantes capas de la sociedad, la idea de lo colectivo y la preocupación por el otro aún existe, y opera en las mentes y los gestos de muchísimas personas de buena voluntad.

A pesar del “aquí no ha pasado nada” ministerial, sí pasó: la comunidad educativa de una escuela pública, y sus apoyos, le pusieron un freno en seco a una medida de recorte del gobierno más protegido mediáticamente de la historia democrática argentina.

Y después, y ahora

Resta, ahora, avanzar hacia la creación de cargos para el Equipo de Apoyo del Colegio Sarmiento, para salir de la precarización laboral que tiene a sus contratos bajo la espada de Damocles año tras año. Resta, de esta manera, exigir este derecho y definir las características y los requerimientos para el puesto. Resta, también, definir el mecanismo de selección. Puede ser una oportunidad para avanzar hacia modalidades de selección docente colegiadas –con participación de la comunidad: conducción, docentes, alumnos, familias, ministerio, sindicato–, que no estén sólo atadas al cuantitativismo del puntaje que termina premiando la permanencia en el sistema a cualquier costo.

Esta pequeña victoria sobre los engranajes sulfatados del funcionariado PRO debe ser el inicio de más conquistas, siempre con los ojos puestos en transformar la educación sin prometer las quimeras humeantes de una “Revolución educativa” que esconde transferencias multimillonarias a los capitales concentrados, sino con pequeños y fortísimos avances, que crean conciencia, que promueven política y participación, que educan.

Porque la lucha es el más potente acto pedagógico.

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