Lo inconfesable: breve reseña del modelo educativo actual

La crisis universitaria no es más que una nueva muestra de un modelo educativo que no está escrito en ningún lado y que nadie se digna a elaborar como proyecto explícito: el modelo educativo neoliberal.

Historia

La educación de nuestro país se estructuró en torno a la ley 1.420, endiosada y mitificada hasta lo absurdo, pero que concretamente dejaba a cargo del Estado la educación primaria de todos los niños y las niñas del país, buscando crear una identidad única en época de fuertes inmigraciones y luchas obreras. Con una economía en franca expansión a través del Modelo Agroexportador, el llamado Sistema de Instrucción Pública Centralizado Estatal (SIPCE) tenía al Estado como actor único y central, financiando innovaciones pedagógicas de la época y creando escuelas.

El peronismo reformuló parte del SIPCE: su impulso a la educación técnica, que formaba mano de obra semicalificada y calificada para un modelo industrial que se profundizaba, se articulaba con la idea del trabajo dignificador que bajaba insistentemente desde el gobierno. El peronismo llevó al obrero al status de arquetipo moral de la Nación, en épocas de pleno empleo y Estado de Bienestar.

Ambos proyectos, o ambos modos de pensar la educación, podían ser explicitados: en la formación del Estado y una comunidad cívica por un lado, o en la formación de esa clase obrera protagonista y ascendida. Cómo no dejar sentado por ley esas intenciones, indudablemente nobles.

Transformaciones

Durante la última dictadura militar el sistema educativo argentino presentó transformaciones que no han sido abordadas aún de forma profunda. Esencialmente, se desmontó el SIPCE para ir hacia formas enmarcadas en la subisidiariedad: el Estado no gestiona escuelas, sino que subsidia a las privadas. Esta política fue fuerte durante la dictadura y parió una de las primeras leyes en el sentido de correr al Estado de su rol: la transferencia de las escuelas primarias a cargo del Estado nacional en las provincias.

Con el regreso de la democracia en 1983 el Estado buscó recuperar su protagonismo, pero los cambios ya habían operado y seguían su curso. Al mismo tiempo, la dictadura había desmontado del modelo de industrialización por sustitución de importaciones y desviado el rumbo hacia un modelo neoliberal de especulación financiera, no productivo. Se benefició, sí, al capital concentrado (por caso, las empresas del grupo Macri pasaron a ser de 7 en 1973 a 47 en 1982). De esta forma, el intento alfonsinista de resituar al Estado era sobre una base productiva diferente a la expansión económica del Modelo Agroexportador y al Estado de Bienestar vinculado al modelo industrial.

En los 90 el modelo neoliberal se profundizó preparando la “bienvenida” de millones de personas al mundo de la precariedad laboral y la miseria. Las consecuencias devastadoras de esa década y de la crisis 2001/2002 nunca pudieron realmente revertirse. Y durante el kirchnerismo, aunque se logró garantizar por ley un piso de 6% del PBI destinado a la educación, es probable –y esto aún debe ser estudiado– que no se hayan logrado modificaciones a algunas variables críticas de la educación actual, como la privatización de la matrícula y los graves problemas salariales y de infraestructura.

El modelo educativo neoliberal: lo inconfesable

Ante el retiro del Estado, frente a un panorama económico-social de empleo precario y permanencia de bolsones de pobreza, se estructura un modelo educativo cuyos puntos más salientes son los siguientes:

  • Subsidios estatales a la educación privada

El Estado aporta recursos a las instituciones privadas, de las cuales la Iglesia es el principal empresario, lo que permite mejorar las condiciones infraestructurales de esos establecimientos que, en muchos casos, se rigen con lógicas empresarias.

  • Desfinanciamiento

Al desfinanciar a la educación pública, se precarizan las condiciones laborales de sus trabajadores y se la vacía de recursos, generando climas institucionales plagados de alienación y abandono, sostenidos sobre la voluntad de unas pocas personas que, tarde o temprano, terminan por emigrar de las escuelas hacia ámbitos laborales más amigables. Se produce un proceso de desprestigio, simbólico y literal, de la educación pública.

  • Generación de negociados

El desfinanciamiento de la educación pública es una oportunidad para que el Estado firme convenios tercerizadores con instituciones privadas y ONGs con participación empresaria que precariza a sus voluntarios, al tiempo que habilita circuitos de consultoras educativas que medirán el desastre de la educación pública –con sólidos argumentos– y propondrán ir hacia un modelo privatizador.

  • Educación estamental

Las épocas de bonanza económica le dieron la posibilidad a las clases medias ilustradas, y también a los sectores populares de, ante el abandono estatal, optar por propuestas de la educación privada para la educación de sus hijos, al contar con una mejora en su poder adquisitivo. El modelo educativo neoliberal refuerza los circuitos diferenciados: educación para las clases medias altas privada y educación para los más pobres pública, generando no sólo trayectorias separadas por sector social, promoviendo el desgarramiento del tejido social, sino más bien una educación por estamentos que no se cruzan jamás.

El modelo educativo neoliberal, sin embargo, es inconfesable: es imposible dejar plasmado en una ley estas tendencias, pues implicarían claras violaciones a derechos consagrados en tratados internacionales, la Constitución y las leyes educativas nacionales y jurisdiccionales. Es precisamente por eso mismo que, en vez de reformar el sistema por medio de su marco jurídico, los elencos gobernantes han elegido la mano invisible del mercado para producir los procesos de forma “natural”, como camuflándolos bajo la falsedad de la libre elección del mejor futuro para nuestros hijos.

Es que se impone el problema: los sistemas educativos, en general, siempre tuvieron algún tipo de vínculo con el sistema económico. Desde la recuperación democrática, se han ampliado derechos en educación, pero al mismo tiempo se han deteriorado las condiciones laborales de las mayorías. Esto, en sí mismo, representa una contradicción: ¿cómo garantizar derechos a los más vulnerables, que son cada vez más? Implicaría un gasto extra del Estado, y una reformulación de sus políticas pedagógicas y sus estrategias didácticas. ¿Alrededor de qué modelo económico se debe construir un sistema educativo en la Argentina democrática? ¿De uno cuyas principales características son la precarización laboral y la miseria estructural?

El resultado del modelo educativo neoliberal es elocuente: no hay 13179377_175203949542946_174001730084119827_ndocente o prueba estandarizada que no dé cuenta de lo evidente, que es que los chicos salen de 5º año sin las herramientas básicas de lectocomprensión y pensamiento lógico, no habituados a la reflexión crítica sobre su contexto social. Y esto no sólo es un problema de los sectores populares.

La única manera de ir hacia una educación inclusiva y de calidad es con un Estado en un rol central en la educación, rol que se ha abandonado hace 40 años.

En este blog hemos combatido, sistemáticamente, la nostalgia de la educación punitivista y falsamente meritocrática. La única nostalgia que deberíamos tener, en términos educativos, no es sobre el régimen de disciplina de las escuelas o sobre las didácticas enciclopedistas, sino sobre el rol del Estado, que alguna vez, hace mucho tiempo, se preocupó por educar a la ciudadanía.

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