El mensaje de Año Nuevo de Esteban Bullrich a los docentes: represión y vaciamiento

La última semana de 2016 los gremios internos del Ministerio de Educación de la Nación denunciaron una nueva avanzada de 400 despidos por parte de la gestión de Esteban Bullrich. El jueves 29 se decidió la ocupación pacífica de la sede de Av. Santa Fe entre Paraná y Montevideo (CABA) en protesta por esta tanda de despidos que afecta a todas las reparticiones del ministerio, y con diferentes formas de contratación –esto es, no son sólo los tercerizados con un contrato y factura monotributista, sino también parte de la planta transitoria–. Aun así, los listados de los desafectados no se dieron a publicidad. Esto se suma al conflicto que afecta al programa de capacitación –formación continua– “Nuestra Escuela”, que ofrecía diferentes cursos a través de una plataforma virtual al alcance de los docentes de todo el país. Vale la pena hacer una lectura de estos conflictos diferenciada para tratar de analizar los condicionantes de cada caso.

“Nuestra Escuela”: toda capacitación es política

El programa “Nuestra Escuela” data del año 2014 –fue aprobado por el Consejo Federal de Educación en 2013–, y ofrecía una serie de cursos de formación continua para docentes de todo el país por medio de una plataforma virtual. Como en toda instancia de capacitación, los docentes deben presentar trabajos que son evaluados por los docentes a cargo, participar en los foros de discusión y una serie de tareas que quienes hemos realizado cursos en este tipo de modalidades conocemos muy bien.  Las líneas más importantes de este programa fueron Derechos Humanos y Memoria, el uso de las TIC en educación, la modalidad de Educación Domiciliaria y Hospitalaria, alfabetización, orientación vocacional y Educación Sexual Integral, entre muchas otras áreas. En un sistema educativo sobrefederalizado, donde en rigor hay 24 subsistemas educativos bastante autónomos y no uno unificado, coordinado e igualitario, la existencia de una plataforma del Estado central que proveyera herramientas a todos los docentes del país es darle carnadura a una agencia estatal que se reinventa con cada gobierno.  Dentro de las críticas que le pueden caber al kirchnerismo en su gestión educativa nacional –las jurisidiccionales son otro cantar: el Estado nacional no gestiona escuelas ni paga salarios docentes–,  como pueden ser no avanzar sobre esa sobrefederalización para amortiguarla, reducir la presencia de la Iglesia como competidor y receptor de subsidios del mismo Estado, no frenar la tendencia de a la privatización del sistema, y cristalizar algunas de las peores características del sistema educativo de los 90 en la Ley de Educación Nacional, quien escribe rescata la entidad que se buscó darle al Ministerio, al diseñar programas nacionales de impacto en todo el territorio –aunque, claro, sujetos a que los gobiernos provinciales les “abran la tranquera”, cosa que no sucedió en CABA– como Educación Sexual Integral, políticas socioeducativas, planes nacionales de lectura y escritura y matemáticas, entre muchos más etcéteras. Pues bien, “Nuestra Escuela” es parte de esas políticas que buscaron robustecer una repartición que, luego de los 90 y la Ley de Educación Nacional, muchas veces parece vacía de funciones y se vuelve a reinventar ante cada cambio de timón político.

En “Nuestra Escuela” trabajan 2600 (dos mil seiscientos) tutores virtuales –docentes– pertenecientes a 13 postítulos, que se quedan sin trabajo sobre fin de 2016 o, a más tardar, a mediados de 2017. Todos ellos tercerizados con contratos precarios sujetos a presentación de factura monotributista (el problema del empleo estatal y las rigideces de la contratación que derivan en precarizaciones que se extienden en el tiempo es un problema estructural, y excede mucho las intenciones de este post). Se puede trazar, sin embargo, una relación entre el despido de estos 2600 trabajadores y algunas noticias que fueron apareciendo durante la segunda mitad de 2016, cuando la nueva gestión ya había podido diagramar un mapa de prioridades. Una fue el anuncio de instancias de capacitación relacionadas con el boom humeante de las neurociencias que explican todo –desde la pobreza hasta el autismo, pasando por la desigualdad de género–, que analizamos aquí. La otra, un poco más seria pues implicó un debate pedagógico, pero no exenta de intentos por repartir cargos y negocios en la estructura ministerial, fue el anuncio del “reemplazo” de una estrategia de alfabetización –la psicogénesis, imputada de fallida-, por la de la conciencia fonológica, el destino del que nunca debimos habernos apartado (lo describimos acá). Estableciendo estas relaciones, entonces, podríamos arribar a una conclusión: se reemplazan líneas de formación continua vinculadas a la estructura política anterior –el kirchnerismo– por otras, favoreciendo a los negocios en curso del macrismo. Esto podría formar parte de las lógicas perversas de la política –el reemplazo bestial de una burocracia por otra con el cambio de signo–, pero lo que es seguro es que la nueva gestión no evalúa la pertinencia técnico-pedagógica de estas políticas públicas, ciñéndose únicamente a un criterio de revancha política y beneficio de sus asociados. A esto se le suma los lobbies que aparecen en diarios como Infobae que, como en este caso, fueron sugerentes antesalas a las medidas de vaciamiento y cierre de “Nuestra Escuela”. Una mente malintencionada podría pensar que los anuncios de neurociencias y conciencia fonológica de La Nación y los argumentos de un ingeniero que lee textos sobre Derechos Humanos en Infobae en realidad apuntan a preparar a la opinión pública precisamente para decisiones como la que estamos discutiendo en este momento.

Noches y más noches, despidos y más despidos

Los 400 despedidos restantes, cuyos nombres se desconocen –pues en estos días el Ministerio está militarizado y los supuestos afectados no tienen acceso a esa información, prolongando un limbo contractual que ahora ya compromete directamente su fuente de trabajo– pertenecen a diversas áreas del Ministerio, y aparentemente pertenecerían a los programas nacionales que se mencionaban anteriormente.  Ya hemos analizado antes la crónica de un vaciamiento ministerial en esta nota. En concreto, podemos interpretar que estas políticas apuntan a hacer del Ministerio de Educación de la Nación exclusivamente un ente evaluador del sistema –pero incumpliendo el artículo 98 de la Ley de Educación Nacional sobre la composición del Consejo Nacional de Calidad de la Educación–, aunque sólo atado a los criterios de la evaluación que miden las pruebas PISA. De esta manera, se pierde soberanía educativa al no pensar el sistema educativo de acuerdo a las necesidades de nuestro país –en términos económicos, políticos, ciudadanos, etc.– sino desde la lógica de un capitalismo global que arma rankings que comparan peras con martillos neumáticos (acá desarrollamos un pequeño punteo con esta hipótesis).

Subejecución y el modelo inconfesable

La gestión de Esteban Bullrich en el Ministerio de Educación de la Nación mantiene una de las lógicas principales que tuvo durante su mandato en CABA: la subejecución presupuestaria. Según datos de la Secretaría de Hacienda, la gestión de Cambiemos desvió 12 mil millones de pesos destinados  al sistema educativo, que fueron subejecutados de las partidas (Damián Fresolone lo resumió en este punteo, los datos originales están disponibles aquí). Dato relevante para los contadores de jardines de infantes: del presupuesto asignado para su construcción, la gestión de Esteban Bullrich no ejecutó ni un centavo. Cabe preguntarse, ¿Adónde se reasignaron estos 12 mil millones de pesos? ¿No se trata de una suma exorbitante en un sistema educativo que es constantemente denunciado como deficiente? ¿Cuánto habría mejorado la educación con esos 12 mil millones de pesos que el propio gobierno blanquea que no utilizó? ¿Habríamos mejorado las condiciones laborales? ¿Habríamos mejorado las escuelas? ¿Habríamos dado más oportunidades a los públicos tan diversos que hoy tratan de asegurarse su derecho a la educación allí? Nunca lo sabremos: es probable que Esteban Bullrich no conteste jamás acerca del destino de semejante y descomunal ahorro. Lo que no había quedado garantizado por ley con el decreto que modificó el organigrama del Ministerio a principios de su gestión, quedó refrendado por los hechos: el gobierno de Macri redujo el presupuesto educativo dramáticamente con la simple omisión de ejecutar las partidas presupuestarias.

Esteban Bullrich suele mirarse en el espejo de Sarmiento, pero encuentra un reflejo distorsionado. Sarmiento pensó un sistema educativo para la Argentina de fines del siglo XIX, moderno para la época, incluyente pero a la vez sancionador de una diversidad que crecía al ritmo de la inmigración. Bullrich, en cambio, ¿En qué sistema educativo está pensando? ¿Qué revolución educativa se puede llevar  a cabo reduciendo de hecho el presupuesto educativo en 12 mil millones de pesos? ¿Acaso también está pensando un modelo educativo para la Argentina del siglo XXI, pero una Argentina que se inserta desde la provisión barata de servicios –call centers, por caso– y la exportación de materia prima dentro de los marcos neoliberales de especulación no productiva? ¿Acaso Esteban Bullrich declama con bombos y platillos un “Compromiso por la Educación” porque dejar sentado en una ley los objetivos reales que el macrismo piensa para la educación sería inviable tanto social como políticamente? ¿Acaso es un modelo educativo inconfesable?

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Igli Marjon, “Call Center” (2015)

Mientras tanto, 2600 despedidos de “Nuestra Escuela” y 400 despedidos NN más luchan contra el cuerpo de infantería de la Policía Federal Argentina para ingresar a su trabajo. Porque si Bullrich quiso emular a Roca en su Campaña del Desierto, empezó por lo más evidente: reprimir al que se cruce en el camino.

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