Debatamos educación

Ayer fueron dados a conocer, parcialmente, los resultados del Operativo Aprender 2016. (Para nada) casualmente sucedió en medio del conflicto entre el gobierno nacional y los docentes, al haberse negado el primero a convocar a la paritaria nacional como indica la ley 26.075 y el decreto reglamentario 457/2007. Explicamos la coyuntura actual en esta nota, en esta otra, acá también, y acá. Como los resultados no están disponibles al público en general, sino que se dieron a los medios tradicionales bajo la condición de su divulgación parcial y general, no podemos hacer un análisis de sus resultados por fuera de esos marcos y los del gobierno. Ellos tienen la agenda sobre el Operativo Aprender en sus manos y la posibilidad de reorientar el debate. La nota de Luciana Vázquez en La Nación es lúcida y señala los vicios a priori que tiene la poca información disponible.

Con esa información en pocas manos y la forma brutal de comunicarlo (la ¿desafortunada? frase presidencial de “caer” en la escuela pública como Jesús descendió a los infiernos, ¿fue el furcio de un tipo que gasta millones de pesos de los contribuyentes en coacheo y comunicación estratégica o simplemente fruto de un cálculo cínico destinado a confrontar aún más con los docentes?), el gobierno salió rápidamente con un “Plan Maestro” educativo de ¡108 puntos! de los cuales los que salieron a la luz son una declaración de intenciones muy bonita (¿quién puede oponerse a la universalización del acceso a internet en las escuelas, o de la sala de 3?) sin explicar cómo un gobierno que vació al Ministerio de Educación de la Nación dispondrá de recursos para llevar todo eso adelante, ni de dónde saldrá ese dinero cuando los sectores más dinámicos de la economía casi no pagan impuestos, ni cuáles serán las atribuciones de las provincias y de la Nación, entre varios otros temas.

En síntesis, en medio de un fuerte cuestionamiento por el manejo del conflicto docente, el gobierno parece buscar retomar la iniciativa con un listado de zócalos de video graph para sus 678 de TN, Majul, Animales Sueltos, Intratables y otras repetidoras escalofriantes del relato estatal. En educación, el macrismo es el gobierno de los zócalos.

Estamos en un contexto de conflicto y la discusión se centra en ese conflicto. Estamos discutiendo tensiones políticas, paritarias y la pertinencia de un paro docente: así lo plantean los medios de comunicación. No estamos debatiendo educación, estamos haciendo del debate educativo un espectáculo de masas.

Propongo debatir educación. Van, a continuación, algunos de los ejes que creo indispensables para ese debate. Y links en los que, desde acá y otros espacios no hegemónicos, hemos planteado algunas posturas dentro de los mismos.

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Claudio Gallina, “La vertical” (2013)

Discutamos la federalización del sistema educativo: ¿Cuál modelo es mejor? ¿Uno donde el Estado nacional sea protagonista o uno fragmentado en –como mínimo– 24 subsistemas, uno por cada provincia? ¿Por qué? ¿Qué beneficios podría traer cada escenario en este capitalismo periférico que transita la segunda década del siglo XXI?

Discutamos el ausentismo y las condiciones de trabajo docentes: ¿Cuáles son las razones profundas del ausentismo? ¿Tendrá que ver con los aspectos materiales y psicofísicos del trabajo, cada vez más difíciles de atajar para una población profesional que no fue formada en los desafíos que tiene la educación actual? ¿Cómo puede intervenir el Estado sobre el ausentismo? ¿Qué capacidad tiene para separar del cargo a los agentes que no están en condiciones desarrollar tareas? ¿Puede simplemente desvincularlos o puede ofrecer mecanismos de contención y recuperación? ¿Con qué recursos? ¿Por qué no hace ninguna de las dos cosas? ¿Hay grises entre esos dos extremos de intervención? ¿Estará esto relacionado con las formas de selección docente en la escuela pública?

Discutamos la privatización de la matrícula: ¿Cuáles son los procesos estructurales que concurren en esta consecuencia? ¿Cuál ha sido y es el papel de los gobiernos, los sindicatos, las corporaciones empresarias educativas (la Iglesia católica, por ejemplo), en este proceso sostenido durante décadas? ¿Cuáles son las políticas que puedan tender a desprivatizar el sistema? ¿Cómo operaría el Estado nacional y los provinciales allí? ¿Hay voluntad política o se busca, precisamente, tender desde los gobiernos hacia una educación privada? ¿Por qué?

Discutamos la formación inicial y la carrera docente: ¿Qué aspectos habría que modificar de la formación para que se adecúe mejor al público que accede hoy a la escuela? ¿Cómo es eso posible dentro de los marcos existentes? ¿Cómo se puede mejorar la carrera docente? ¿Qué propuestas se podrían poner en discusión para poner a los docentes en un rol protagónico para producir innovación? ¿Cómo se financiarían esos circuitos? ¿Qué antecedentes hay de innovaciones en este sentido?

Discutamos los aspectos técnico-pedagógicos, didácticos y metodológicos: ¿Cuáles son las mejores estrategias para formar a los alumnos y alumnas de nuestras escuelas, en este capitalismo global inestable? ¿Cómo se interviene sobre los problemas de lectura y escritura, el pensamiento abstracto, el capital cultural? ¿Debe la escuela recurrir a las mismas formas de trabajo áulico que había antes de la irrupción de internet y la universalización del acceso al nivel medio? ¿Cómo puede responder un sistema decimonónico ante semejante desafío?

Discutamos laicidad educativa: ¿Es necesario mantener esta tradición del sistema educativo en un contexto mucho más abierto que el de fines del siglo XIX? ¿Debemos resguardar a toda costa los derechos individuales de los niños en este sentido? ¿Cuál es la pertinencia de la laicidad en educación en un contexto de avance del terrorismo integrista religioso y la incidencia cada vez mayor de grupos religiosos evangelistas en la política de algunos países?

Discutamos al interior del gremio docente: ¿Cuáles son las mejores estrategias para negociar con los Estados mejoras en nuestras condiciones de trabajo? ¿Es la huelga la más efectiva? ¿Podemos complementarla con otras acciones de divulgación y visibilización de nuestro trabajo más aggionadas a los tiempos de redes sociales y consumo cultural salteado e instantáneo? ¿Qué aspectos son negociables y cuáles no? ¿Cuál es el margen de negociación de las cúpulas sindicales en contextos económicamente más o menos favorables? ¿Debemos defender que existan sindicatos sin afiliados cuyo único fin es hacer negocios de capacitación con los gobiernos? ¿Son los Estatutos Docentes actuales, emparchados de un original de 1958, los más representativos de nuestro trabajo en el siglo XXI y los que podrían garantizar mejor nuestros derechos? ¿O deberíamos replantearlo para trabajar mejor?

Discutamos las pruebas estandarizadas: ¿Con qué criterios se realizan? ¿Qué se busca detectar? ¿Hacia dónde interesa orientar sus resultados? ¿Son las únicas variables para pensar la educación o son un insumo más que provee datos sobre aspectos específicos? ¿Es el ranking de las PISA nuestro único horizonte educativo, para compararnos obsesivamente con Finlandia? ¿Cuáles son los otros, si existiesen? ¿Por qué esos otros horizontes y no otros? ¿Cómo afectan estas pruebas nuestra soberanía educativa?

Discutamos los objetivos de fondo: ¿Qué tipo de ciudadanos queremos formar? ¿Sólo pensando en el inestable mundo del trabajo actual? ¿O también debemos fomentar aspectos vinculados a la ciudadanía, al ejercicio ampliado de la democracia, al cuestionamiento de las injusticias legales e ilegales? ¿Debemos educar para emancipar? ¿Debemos educar patriotas? ¿Debemos educar empleados dóciles? ¿Debemos educar innovadores? ¿Debemos educar personas comprometidas con el debate público? ¿Para qué? ¿Cómo reorientamos la estructura del sistema, los contenidos y las metodologías para tender hacia esos objetivos? ¿Cuál es el papel del sistema educativo argentino en este capitalismo periférico del siglo XXI?

Estas son algunas de las muchas aristas que tiene este debate. Y seguramente faltan más, que podrán aportar personas y grupos que se dedican a la investigación educativa desde hace décadas –y que, también, están recibiendo una brutal agresión por parte de este gobierno–.

Para estos debates una condición necesaria es la pausa, la reflexión, la escucha desprejuiciada. Para estos debates, urgentes e importantes, es necesario que no sean planteados con los ritmos del rating minuto a minuto –aunque sí, deberíamos como gremio articular un discurso también adaptado a ese formato–, ni desde la nostalgia educativa (que, como bien nos recordó Ernesto Semán, no es más que la memoria deshistorizada) que apela a una falsa “meritocracia” sino desde el análisis histórico, procesual, imparcial, despersonalizado, no casuístico. Para lo cual, además, es necesario diferenciar los problemas detectados, de los diagnósticos sobre sus causas, de las propuestas políticas. Eso es, también, marcar un poco la cancha del debate educativo.

Desde esta tribuna de alienación canalizada nos hemos cansado de convocar a interlocutores que tengan una visión diferente sobre estos temas para debatir. Pero el gobierno actual, entre sus muchos problemas, tiene uno específico respecto del debate educativo: no presenta un solo interlocutor válido. No hay nadie, dentro de la Alianza Cambiemos, que debata estos aspectos con argumentos, por fuera de la propaganda política intencionada para generar un conflicto o simular preocupación sobre el tema. Este espacio está abierto, este autor también, pero enfrente sólo hay marquesinas y títulos catástrofe que ocultan un atronador silencio.

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3 thoughts on “Debatamos educación

  1. Muy revelador e interesantes dimensiones de análisis.
    Los vengo leyendo y, aunque a veces no comparto, me enriquecen los datos y lecturas de “lo educativo” y lo socio político que realizan.

    Me gusta

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