Sobre los resultados de las Aprender 2019: una propuesta para la carrera docente

En los últimos días se divulgaron los resultados de las pruebas Aprender 2019, en las que se observan serios problemas en el área de Matemática. En lo personal, vengo pensando hace tiempo respecto de los déficits de aprendizaje esperado, independientemente de la legitimidad que le otorguemos a los operativos estandarizados de evaluación (y cuánto dicen realmente de lo que pasa en una escuela).

Los problemas de aprendizaje se derivan de problemas de enseñanza. Si pensáramos al proceso de enseñanza y aprendizaje como abstracto -como se piensa desde los medios-, la ecuación es simple: los docentes son tontos, están desactualizados, no tienen vocación. Los docentes somos entidades suspendidas en el vacío, y como fallamos como un lavarropas enseñamos mal y los chicos aprenden mal.

Pero si pensamos en el proceso de enseñanza y aprendizaje como un proceso situado -en el tiempo y en el espacio- podemos complejizar la mirada para incluir otras variables que, creo yo, son las que más fuertemente lo condicionan.

Las variables socioeconómicas

Enseñamos en aulas y escuelas reales, que están en territorios reales, a alumnos reales que están atravesados por todos los problemas de la contemporaneidad. Esto significa: pobreza estructural y violencias en aumento, muy atadas a los ciclos de expansión y retracción de la cobertura social del Estado. Estas problemáticas -que impactan directamente en la trayectoria escolar de nuestros alumnos- se vuelven más inestables cuando falta trabajo y comida en los hogares, y se estabiliza un poco -nunca desaparece- cuando hay mejoras redistributivas. Estos problemas no sólo impactan sobre las posibilidades reales de nuestros alumnos de aprender, sino también sobre nuestro trabajo de enseñar. Se vuelve mucho más heterogénea la realidad que tenemos que enfrentar, además de que destinamos tiempo y energía docente a contener problemas sociales. Y no damos abasto, desde ya: los pibes se caen de la escuela, aunque sigan viniendo. Y nosotros nos preocupamos y, a veces, tratamos de reorientar nuestra propuesta didáctica para intentar incorporar a los alumnos en riesgo, la mayoría de las veces sin lograrlo.

A esto hay que sumar que, cuando hay retracción de la cobertura social, los docentes también quedamos expuestos a condiciones de pobreza, y que las aulas que se caen a pedazos también nos distraen de la tarea de enseñar. ¿Por qué se señala tan poco que los reclamos por cuestiones básicas -salarios e infraestructura- nos distraen de concentrarnos en la tarea de enseñar, pero que sin esas condiciones no podemos enseñar? Ahí tenemos la paradoja del reclamo docente. Pedir mejores sueldos efectivamente nos saca del aula, pero si no lo pedimos estar en el aula es imposible.

Las variables socioculturales

Decía que enseñamos en escuelas que están situadas en un momento y un lugar. La cultura -ese eje vertebrador de la institución escolar- ha cambiado dramáticamente sus dinámicas en los últimos 30 años. La aparición de internet primero, y las redes sociales luego, transformaron las formas de producción, validación, circulación y consumo de cultura. Le dieron a la imagen una preeminencia que nunca antes había tenido, llevaron la síntesis textual al paroxismo -sólo se leen los títulos-, galvanizaron burbujas ideológicas y aparecieron las fake news. Esto se da imbricado con un proceso de aumento de la violencia verbal, de cambios en las formas de jugar de niños, niñas y adolescentes. YouTube, Counter Strike, Netflix, las stories de Instagram y ahora TikTok transformaron muchas variables de las formas en que los chicos acceden a la cultura masiva.

Pero nosotros los docentes estamos en la misma: también cambió nuestra forma de consumo cultural, y de interpretación de la cultura. Sin embargo, estamos atravesados por tradiciones pedagógicas y didácticas muy mixturadas, que configuran lo más duro de nuestras prácticas escolares.

La combinación de las transformaciones sociales, económicas y culturales de los últimos 30 años tensionan muchísimo lo que la escuela había ofrecido hasta entonces. Y en esa tensión de variables que descuartizan a la escuela tal vez, efectivamente, no hayamos encontrado aún las mejores prácticas para enseñar mejor, de manera relativamente homogénea, a estos sujetos. Hay mucha bibliografía producida, es cierto, pero pocos cambios contundentes a nivel didáctico, especialmente.

Entonces, la propuesta

Toda esta introducción es para intentar bocetar un panorama especialmente complicado en lo que hace a lo que nuestros alumnos aprenden, y cómo lo hacen. Pareciera que el caos es tal que no se nos ocurre por dónde empezar.

La reformulación de la carrera docente (el Estatuto) es una deuda pendiente de todos los gobiernos desde 1983, más concretamente desde los 90 cuando se puso en juego el combo de reformas más drástico desde la fundación del sistema educativo argentino. Los Estatutos actuales -24 en total, uno por jurisdicción- están copiados sobre la base de uno de 1958. O sea: nuetro convenio colectivo de trabajo es un documento normativo lleno de parches sobre parches a lo largo de los últimos 62 años. ¿Cómo juegan las transformaciones que mencioné arriba en el esquema legal de derechos, obligaciones y plan de carrera de los docentes? Bueno, ahí está el problema: no aparecen en lo más mínimo.

El universo cambió y nuestra carrera sigue, en general, limitada a un formato de hace más de 60 años. Reformar el Estatuto no debe ser, como pide la derecha, abolir licencias, o directamente todo el articulado para que pasemos a ser monotributistas mendicantes. Va, entonces, un punteo posible para pensar una carrera docente que contribuya a enseñar mejor.

  • Nuevos cargos en el escalafón de ascensos: la posibilidad de tomar un cargo de co formación que implique recorrer escuelas diferentes a la propia para trabajar dinámicas de formación continua situada sobre problemas concretos de territorios similares. Con el correspondiente reconocimiento salarial, desde ya. Otros cargos de escalafón que impliquen un poder de decisión más fuerte en la política educativa que estabilicen algunas dimensiones hoy sujetas a los cambios de gestión.
  • Reconocimiento de trayectorias de formación continua alternativos: jerarquización de trayectos de maestrías y doctorados universitarios, que hoy aparecen con un peso realmente marginal en el sistema de puntaje.-
  • Transparentamiento y simplificación del sistema de puntaje: restar puntaje a la antigüedad -sin eliminarla-, pero otorgar más peso a actividades de divulgación, co formación, participación y organización de jornadas y congresos, atacar el mercado negro de puntaje que funciona alrededor de sindicatos sin afiliados que contra un pago ofrecen cursos inexistentes con puntaje altísimo.
  • Creación de espacios de intercambio entre pares de diferentes escuelas: instancias formales y acreditables de debate pedagógico y didáctico sobre problemas concretos.
  • Robustecimiento del personal de intervención socioeducativa: crear cargos para las articulaciones judiciales, nutricionales, sanitarias, psicológicas, etc. que se realizan desde las escuelas ante la emergencia de problemáticas extra académicas.
  • En secundaria y terciaria, conformación de cargos con horas frente a curso y horas dedicadas a investigación y extensión. En inicial y primaria, reconocer las horas fuera de aula para estas mismas funciones.

Pero y el aprendizaje

Como planteé antes, son propuestas para pensar -y mejorar- las condiciones de enseñanza, hacerlas más dinámicas y seguras, jerarquizar la carrera para que no quede sólo atada al ascenso vertical docente-prosecretaria-secretaria-vicedirectora-directora-supervisora. Se podrían incorporar “ascensos horizontales” o “diagonales” que descarguen roles de las muy sobrecargadas conducciones, que jerarquicen y reformulen la formación continua entre pares, que permitan calificaciones que hoy están subvaloradas.

Transitando tantos cambios en el mundo, en las subjetividades y, por extensión, en la escuela, se hace mucho más necesario que nunca dar entidad y reconocimiento salarial a las instancias de reflexión colectiva como parte de nuestro trabajo. Tal vez pueda ser una puerta de entrada a las tan demandadas mejoras en los aprendizajes.


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